Los vestidos que les pongo a mi cara
son elegantes y sensuales prendas de una lana frágil,
sonrientes mariposas en arrullo
desentrañando gestos envidiosos de no ver.
Son mis cómplices y también mis enemigos,
la resignada costumbre de mi receptor y
son el regalo que me dio…
Vamos a hacer, mejor, como si estuviera de día,
de día de libertades
después de los castigos.
Como que me quito la ropa y tomo un viaje
y corro perseguida hasta a ti,
hasta ustedes y les tomo las manos
y pierdo las rocas, las tiro al suelo.
Y, entonces, puedo darles los besos…
Dejo atrás los vestidos y me hago una sombra de frío.
Y entonces puedo darles besos.
Y entonces…
